Historia de los adoquines: los sampietrini de Roma

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Roma está repleta de monumentos y de obras de arte, no por nada es uno de los asentamientos humanos más longevos. La Ciudad Eterna encierra aún más sorpresas, aunque estas estén a ras de suelo y todo el mundo las pise. Merece la pena conocer los sampietrini, los adoquines que decoran el corazón de las calles del centro de la ciudad.

Desde Prefabricados Jara, empresa fabricante de adoquines decorativos de hormigón para pavimentos queremos explorar en la historia de los adoquines y contarte un poco más acerca de este elemento de pavimentación y su amplio uso desde la antigüedad.

¿Por qué a los adoquines de Roma se les conoce como Sampietrini?

Los sampietrini reciben su nombre de San Pedro, pero no del santo. Estos adoquines fueron ideados para colocarse en el centro de la ciudad, concretamente en la plaza de San Pedro. Fue idea del papa Sixto V (1521-1590), quien buscó activamente la renovación de Roma. Se empeñó en terminar con las zonas más medievales de la ciudad y darles un nuevo toque, más moderno, que sirviera para potenciar la imagen de la urbe.

Además, con este pavimento los carruajes podían circular con menores problemas, aunque el papa no sabía que casi 500 años después se convertirían en uno de los atractivos turísticos y uno de los símbolos más queridos, aunque con ciertos reparos, de los romanos modernos.

¿Qué forma tienen los sampietrini?

Los sampietrini son adoquines de forma rectangular o cuadrada, de 12 centímetros de lado. Además, pese a que su superficie parece completamente lisa, si nos fijamos bien descubriremos que está repleta de irregularidades. Esto, en la actualidad, causa bastantes problemas con el tráfico de vehículos a motor, ya que los adoquines llegan a afectar de manera negativa a los amortiguadores de los vehículos.

En cuanto a la profundidad a la que llegan, estos alcanzan los 15 centímetros, una solución para mantenerlos bien sujetos al firme. Asimismo, durante su colocación se procuraba no rellenar por completo el suelo, lo que contribuía a dejar acanaladuras entre adoquín y adoquín. Esto no es algo fortuito o por mera decoración, ya que se buscaba fomentar que el agua circulase libremente y que no formara charcos en la superficie.

La piedra elegida para la confección de los sampietrini fue el basalto, una roca volcánica dura y que es posible dejarla lisa con un sencillo pulimentado. Junto a esto, se buscaba imitar a las calzadas propias del Imperio romano, las cuales aún podemos ver casi intactas en numerosos países de la cuenca mediterránea.

Ventajas y desventajas de estos adoquines

En cuanto a las ventajas y desventajas, uno de los principales beneficios que destacamos es lo icónicos que resultan estos adoquines. Por sí solos se han convertido en un reclamo de Roma, ya que forman parte del carácter de la ciudad. Una modificación en los mismos no pasaría desapercibida por buena parte de los turistas que cada año visitan la ciudad.

Sin embargo, desde un punto de vista práctico, cabe destacar que son unos adoquines que se adaptan al terreno y a las modificaciones que podamos hacer en él. Esto ha hecho que sobrevivan hasta nuestros días manteniendo un gran encanto. Al disponerse formando una suerte de malla, era posible que se adaptaran a la forma de la superficie donde se ubicaban.

También son resistentes, tanto al uso como a las condiciones del clima. Esta característica es fundamental al tener que soportar carros y personas circulando sobre ellos todos los días. No obstante, su superficie lisa provocaba, y aún lo hace, resbalones en los días de lluvia.

Asimismo, en la actualidad presentan la desventaja de que conforman un suelo irregular, lo cual afecta a las suspensiones de los vehículos.

En definitiva, los sampietrini son algunos de los adoquines más populares del mundo y cuentan con una personalidad propia, además de formar parte del carácter de la propia Roma. Llevan 500 años permitiendo a los romanos disfrutar de una de las ciudades más importantes de la historia de la humanidad.

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