Historia de los adoquines: los adoquines de Washington Mews

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Nueva York es una ciudad que esconde todo tipo de secretos y verdaderas joyas. Entre sus tesoros ocultos se encuentran unos adoquines famosos por aguantar la continua renovación y modernidad de una de las urbes más grandes del mundo. Unos adoquines que logran darle una personalidad propia y única a la calle Washington Mews, una de las calles con más encanto de todo Manhattan.

Conozcamos un poco más sobre su historia.

Una calle con historia

La calle Washington Mews puede encontrarse en la zona de Greenwich Village, muy cerca de la Quinta Avenida. Lo más llamativo de su nombre es ese mews, el cual no nos sonará si no tenemos un amplio vocabulario inglés. Y es que los mews son pequeñas callejuelas originarias de las ciudades del Reino Unido, sobre todo en Londres. La clave de estas calles está en su adoquinado y la construcción de edificios bajos, los cuales servían en su momento como establos.

En su origen eran lugares ruidosos y malolientes, como no podía ser de otro modo por la circulación de caballos y otros animales. Sin embargo, con el tiempo, los mews se han convertido en callejuelas encantadoras, casi sacadas de un cuento, y todo gracias al adoquinado que las caracteriza.

En el caso del Washington Mews, este tiene su origen en el siglo XIX, momento en el que sus edificios daban servicio a las mansiones situadas en la parte norte de Washington Square. Caballos y carrozas descansaban en las casas que bordean el mews.

En la actualidad la calle es privada y ha sido reconstruida añadiendo toques de color a los edificios, lo que contribuye a aumentar su encanto. En ella residen algunos estudiantes de la Universidad de Nueva York, pero también alberga algunos edificios administrativos que no le restan parte de su magia y belleza.

¿Por qué se han conservado los adoquinados?

El adoquinado de estas callejuelas es una parte íntegra de su personalidad e historia. En el momento en el que fueron instalados, los siglos XVIII y XIX, el asfalto aún no se había popularizado, pero era necesario contar con un firme adecuado para el tránsito de personas, animales y carros. Así, la instalación de un adoquinado contribuía a igualar el nivel de la calle y permitir que las ruedas de los carros no se atascaran.

En el caso de los utilizados en Washington Mews, se ha optado por darles una forma rectangular o cuadrada. No obstante, en algunas partes de la callejuela se opta por algunos de formas irregulares, aunque con tendencia a las ya mencionadas. Además, se unen gracias al uso de mortero y se deja sobresalir a la piedra que forma el adoquín para que el agua fluya entre ellos.

Por descontado, la parte superficial está totalmente nivelada para ofrecer un firme estable a los usuarios de la calle. Gracias al continuo uso, la mayoría dan la impresión de estar pulidos, pero soportan sin mayores problemas tanto el tránsito de personas como de vehículos modernos.

A la hora de realizar su mantenimiento, se busca sustituir aquellos deteriorados o rotos para garantizar la estabilidad de la calzada. Además, el uso de piedras de diferente color contribuye a darle un toque único a esta callejuela, lo cual no hace más que realzar la belleza de todo el lugar.

El encanto de los adoquines antiguos en una gran ciudad

Sin lugar a dudas, el Washington Mews es uno de los lugares con más encanto que podemos ver en la moderna ciudad de Nueva York, la cual nos reserva joyas como estas.

En definitiva, los adoquines vuelven a demostrar tanto su utilidad como su aspecto más decorativo. En el Washington Mews encontraremos uno de los mejores ejemplos de uso de este material constructivo y de su resistencia al paso del tiempo y de las modas. Un lugar que merece la pena visitar.

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